
(Escena en un negocio de barrio, mezcla de service de todo lo que existe, bazar, venta de electrodomésticos y ferretería. Detrás del mostrador un hombre de 50 y tantos años, calvo y con anteojos. Entra al negocio una señora de similar edad, con un paquete en las manos atado con hilo sisal y una carpeta saliendo de la cartera que lleva colgada.)
- Buen día, Manuel!! Cómo anda, tanto tiempo...!?
- Hola, Raquel...! Qué cuenta...? Se la extrañaba... qué me trae de regalo...?
- Le conseguí algo para que se entretenga... y a ver si la rescato. Le traigo una Marmicoc.
- La olla a presión...!! Mi madre no cocinaba si no era en eso... uh, y es de esa época...!!
- Bueno, esta era de mi suegra y estaba envuelta en este mismo paquete hace como veinte años. Según ella, no andaba. Yo la probé, y realmente algo le pasa. Cuando empieza a calentar está todo perfecto, pero a medida que va levantando temperatura empieza a hacer ruidos, como a sacudirse toda... como si fuera a reventar.
- No estará tapada la válvula, Raquel...? Porque estas tienen en la tapa una válvula de escape, justamente para que cuando levantan demasiada presión pueda salir el vapor sin riesgo de que exploten. Toca pito, el vapor empuja el tapón y por ese cañito sale la presión excesiva...
- Si, Manuel, eso lo sabía y lo limpié tres veces... está perfecto. El asunto es que con mucha comida más o menos la cosa zafa y se puede controlar, pero si le pongo poco - como para Raúl y para mi, por ejemplo - es como que al tener menos adentro levanta más presión, enseguida empieza a tocar pito como avisando y después ya empieza a los saltos y a moverse por toda la cocina como si no se lo aguantara... por eso se la traía, para ver si se puede asegurar de alguna manera, porque no quiero que me reviente en el medio de un puchero. Yo le iba a pedir si me le puede reforzar la tapa con algo, o sino mejor todavía, agregarle cuatro trabitas haciendo como una cruz, como las que tienen las aspiradoras, vio?? Para estar segura y que no me reviente en las manos...
- Sabe qué pasa, Raquel...? Va a ser peor. Porque si el problema es que con poca comida levanta demasiada presión, y la válvula de escape no alcanza a controlarla, el riesgo es que si aumentamos la fuerza en la tapa va a seguir y seguir y pueden pasar dos cosas: una, que reviente directamente con traba y todo y le destruya la cocina y a cualquiera que ande cerca. Y la otra, que cuando termine de cocinar y crea que está controlada, vaya a sacar la tapa y le salte todo el vapor retenido en la cara y la queme de arriba a abajo... y no sé cuál es peor de las dos!
- Y qué, Manuel...? No la puedo usar, entonces...??
- Si, yo creo que si. Cuide que no le falte agua ni relleno, porque esas cosas son esenciales, y sobre todo no ponga el fuego demasiado fuerte. Y si pese a eso levanta de más, sáquele el tapón y deje libre el escape, y de última bájele el fuego. Es la única solución segura...
- Está bien, le voy a hacer caso. A ver si sirve...
- Vaya tranquila que se lo dice un zorro viejo, Raquel...
- Bueno, le creo. Ah, antes de irme... le tengo que pedir una cosita. Una firma.
- Mientras no sea un cheque...
- Nooo, eso no. Es que vamos a presentar un petitorio de todos los vecinos pidiendo que manden la Gendarmería a controlar toda la parte de la villa de atrás del Hospital, vio? Porque ya no se aguanta más y el comisario dice que no tiene más gente para mandar, así que estamos pidiendo que le refuercen la dotación. Y además pedimos que se baje la edad de imputabilidad a trece años, porque con la historia de que son menores entran por una puerta y salen por la otra.
- Sí, por supuesto, cómo no voy a firmar...? Es una obligación de todos, como ciudadanos, hacer lo que sea necesario para terminar con esto que ya es un verdadero flagelo. Mano dura, Raquel, eso es lo que le hace falta a este país y no planes trabajar para estos vagos. Ahí tiene...
- Gracias, Manuel. Un beso a la patrona.
- Igualmente, saludos por su casa.
(Telón)