jueves 23 de abril de 2009

Cerrado por vacaciones


Falta un par de días, pero para evitar que las corridas de último momento me hagan olvidar... me despido. Por algunos días voy a andar por el lugar que se ve en la foto, sacrificándome en busca de material para mis futuros posts...

Para que se den una idea, con tal de renovar los temas no voy a tener más remedio que someterme a la tortura de un sol ardiente, playas plagadas de vendedores y artesanos, alcohol libre las 24 horas, shows pedorros todas las noches, boliche en el hotel, cursos de buceo en la pileta, aguas indefinidas entre transparente o turquesa... realmente un tormento. Pero todo sea por ustedes.

Les dejo un cariño, y en los primeros días de mayo volveré... salvo que en el hotel haya Internet y llueva, en cuyo caso prometo algún adelanto.

Hasta pronto...!!!

jueves 16 de abril de 2009

La olla


(Escena en un negocio de barrio, mezcla de service de todo lo que existe, bazar, venta de electrodomésticos y ferretería. Detrás del mostrador un hombre de 50 y tantos años, calvo y con anteojos. Entra al negocio una señora de similar edad, con un paquete en las manos atado con hilo sisal y una carpeta saliendo de la cartera que lleva colgada.) 


- Buen día, Manuel!! Cómo anda, tanto tiempo...!?
- Hola, Raquel...! Qué cuenta...? Se la extrañaba... qué me trae de regalo...?
- Le conseguí algo para que se entretenga... y a ver si la rescato. Le traigo una Marmicoc.
- La olla a presión...!! Mi madre no cocinaba si no era en eso... uh, y es de esa época...!!
- Bueno, esta era de mi suegra y estaba envuelta en este mismo paquete hace como veinte años. Según ella, no andaba. Yo la probé, y realmente algo le pasa. Cuando empieza a calentar está todo perfecto, pero a medida que va levantando temperatura empieza a hacer ruidos, como a sacudirse toda... como si fuera a reventar.
- No estará tapada la válvula, Raquel...? Porque estas tienen en la tapa una válvula de escape, justamente para que cuando levantan demasiada presión pueda salir el vapor sin riesgo de que exploten. Toca pito, el vapor empuja el tapón y por ese cañito sale la presión excesiva...
- Si, Manuel, eso lo sabía y lo limpié tres veces... está perfecto. El asunto es que con mucha comida más o menos la cosa zafa y se puede controlar, pero si le pongo poco - como para Raúl y para mi, por ejemplo - es como que al tener menos adentro levanta más presión, enseguida empieza a tocar pito como avisando y después ya empieza a los saltos y a moverse por toda la cocina como si no se lo aguantara... por eso se la traía, para ver si se puede asegurar de alguna manera, porque no quiero que me reviente en el medio de un puchero. Yo le iba a pedir si me le puede reforzar la tapa con algo, o sino mejor todavía, agregarle cuatro trabitas haciendo como una cruz, como las que tienen las aspiradoras, vio?? Para estar segura y que no me reviente en las manos...
- Sabe qué pasa, Raquel...? Va a ser peor. Porque si el problema es que con poca comida levanta demasiada presión, y la válvula de escape no alcanza a controlarla, el riesgo es que si aumentamos la fuerza en la tapa va a seguir y seguir y pueden pasar dos cosas: una, que reviente directamente con traba y todo y le destruya la cocina y a cualquiera que ande cerca. Y la otra, que cuando termine de cocinar y crea que está controlada, vaya a sacar la tapa y le salte todo el vapor retenido en la cara y la queme de arriba a abajo... y no sé cuál es peor de las dos!
- Y qué, Manuel...? No la puedo usar, entonces...??
- Si, yo creo que si. Cuide que no le falte agua ni relleno, porque esas cosas son esenciales, y sobre todo no ponga el fuego demasiado fuerte. Y si pese a eso levanta de más, sáquele el tapón y deje libre el escape, y de última bájele el fuego. Es la única solución segura...
- Está bien, le voy a hacer caso. A ver si sirve...
- Vaya tranquila que se lo dice un zorro viejo, Raquel...
- Bueno, le creo. Ah, antes de irme... le tengo que pedir una cosita. Una firma.
- Mientras no sea un cheque...
- Nooo, eso no. Es que vamos a presentar un petitorio de todos los vecinos pidiendo que manden la Gendarmería a controlar toda la parte de la villa de atrás del Hospital, vio? Porque ya no se aguanta más y el comisario dice que no tiene más gente para mandar, así que estamos pidiendo que le refuercen la dotación. Y además pedimos que se baje la edad de imputabilidad a trece años, porque con la historia de que son menores entran por una puerta y salen por la otra.
- Sí, por supuesto, cómo no voy a firmar...? Es una obligación de todos, como ciudadanos, hacer lo que sea necesario para terminar con esto que ya es un verdadero flagelo. Mano dura, Raquel, eso es lo que le hace falta a este país y no planes trabajar para estos vagos. Ahí tiene...
- Gracias, Manuel. Un beso a la patrona.
- Igualmente, saludos por su casa.

(Telón)

sábado 11 de abril de 2009

Querido diario

11 de abril.


Bueno, al final les hice caso. Tanto me dijeron que buscara algo para hacer, que saliera de la rutina, que encontrara algo nuevo cada día, que visitara lugares en los que nunca había estado... que me decidí a probar.
A lo mejor es cierto. A lo mejor este sentimiento de que nada pasa que sea digno de recordar, de que los días transcurren sin mayor trascendencia, sea simplemente producto de que soy yo el que no encuentra algo que me llene, que complete las piezas faltantes en este rompecabezas que es mi vida. Tal vez, aunque no lo he planteado públicamente, estén acertando sin saberlo en algo que yo sospecho y quiero cubrir. Porque en el fondo yo sé que lo que hay es una reacción a la pérdida. No es tan cierto que nada pase, que la chatura sea general, que el mundo se haya vuelto gris y aburrido. Parecía más probable que en realidad fui yo quién me equivoqué en la apuesta, y puse todos los huevos en la misma canasta. Y cuando se cayó, se me rompieron... en más de un sentido.
Así que había que pegar el golpe de timón a tiempo, por usar una metáfora bastante adecuada. Y buscar cambios interesantes: de aire, de rutina, de gente entre la cual desarrollarla. Salir de casa, sin un rumbo fijo en lo geográfico pero sí claro en la finalidad. Encontrar ese sentido de aventura, de desconocido, de expectativa por algo que no se sabe cómo será. Al fin y al cabo, uno está viviendo en una ciudad plena de posibilidades y no en un iceberg que flota a la deriva. Será cosa de aprovecharlas.
De modo que, querido diario, junté unos dinerillos que estaban guardados para emergencias, decidí que ésta lo era... y acá estoy, embarcado en una imprevista y fascinante travesía en busca de la emoción perdida. Por lo pronto ya he curioseado un poco y hay un grupo de gente que parece bastante interesante, así que espero poder seguir en contacto cuando lleguemos.

Ayer zarpamos. En este momento estamos en Cherburgo, y mañana (12 de abril) pasamos por Queenstown y seguimos viaje a New York. El barco es enorme, parece que el más grande que se ha hecho nunca, y estos de la White Star Lines no ahorraron un detalle de lujo y de confort. Más vale que mis amigos tuvieran razón, porque el pasaje me costó una fortuna, pero la verdad es que el Titanic está copado. Ojalá el viaje valga la pena.

Chau, diario. Mañana la sigo, estoy cansado y hace bastante frío.


jueves 9 de abril de 2009

Cinco siglos igual...

Se rajan. Se escapan, se escurren, pasan, de largo. Como el agua entre los dedos, diría Sandro a medio pulmón. Como un pedo en una canasta, diría un amigo mío menos poético.

Los días se van yendo. Hace rato que lo noto. Pero no por miedo a la muerte ni a la vejez ni nada que se le parezca, no. Porque transcurren simple e intrascendentemente
Alguna vez intenté, en un post, explicar mi idea respecto de la diferencia entre aquellos que van a dejar una huella indeleble en la historia y nosotros, los normales, los que no. Me trataron de consolar de algo que ni siquiera era una tristeza, sólo una observación. Si, yo entiendo que a lo mejor para un hijo es más importante su papá que Cristóbal Colón. Pero eso no cambia el hecho de que uno descubrió América y otro sacó bien a punto la colita de cuadril de la parrilla. Son méritos un tanto distintos si uno los analiza objetivamente. No es lo mismo, visto en perspectiva macro, ser Enrico Caruso que ser el tío Ernesto
Ahora bien, aún abandonando ese planteo y dedicándonos a nuestras vidas comunes, limitadas y domésticas, podemos ciertamente diferenciar los grandes momentos. Los que si la vida fuera como las transmisiones de Fox Sports, se repetirían al final. "A los 16 minutos (o a los 16 años) Palermo metió una pelota en el travesaño" (o Juancito tuvo su primer experiencia sexual). Hay días en los que nos recibimos, nos casamos, tenemos un hijo, hacemos el amor con esa persona que durante mucho tiempo perseguimos, tenemos un logro laboral, nuestro equipo gana o nos encontramos plata. Pero algo pasa, concretamente. Esa noche, al acostarnos, nuestra vida cambió en algo, aunque sea mínimo.
Y hay otros que no. Que realmente es como si no hubieran existido. Uno se levanta, desayuna, se baña, se viste y sale. Hace lo que sea que ocupe su espacio laboral, vuelve, come, mira un rato de tele o lee o charla si vive con otras personas, y a cierta hora se acuesta. Es jueves, pero podría ser miércoles. Entre la acostada de anoche y la de hoy, no hay un solo momento para rescatar. El resumen del partido quedaría en blanco. Ni un puto tiro al arco, ni un error del arquero. Nada de nada.
En lo personal, acepto que el hecho de no estar laburando ni buscando hacerlo aumenta exponencialmente ese sentimiento. PERO en defensa de mi teoría puedo afirmar que muchos de los días que precedieron a esta situación fueron iguales. Posiblemente porque ya no me interesaba lo que estaba haciendo es cierto. Pero no me hagan ser cruel diciendo que a un 70% de la humanidad no le importa un corno de su trabajo y sólo cumple a desgano una obligación a cambio de plata...

No, hay algo más. Una de las cosas es que estoy tratando de salvar este jueves con un post. La diferencia con ayer va a ser que hoy postié. Pero lo real, lo de fondo, es que me parece advertir que se está esparciendo como epidemia esta chatura que nos asfixia sin notarlo. Nos han agobiado tanto con pálidas, que ya estamos propensos a pensar que un día que transcurre sin que violen, asalten o maten a un conocido ya es suficiente. Y es mentira. Es mentira que el problema sea tan terrible, y es mentira que baste con librarse de desgracias para que un día haya sido digno de vivirse. No tengo soluciones, si las tuviera las aplicaría en mí para empezar; pero creo que al menos vale la pena pegar el alarido y decir: no nos dejemos convencer de que durar es una de las formas de vivir. Si acaso lo es, es una forma de mierda. Hay que buscar bajo cada piedra el hecho, el sentimiento, la emoción o la sorpresa que haga que cuando en una hipotética entrevista al fin de la vida nos pregunten "¿qué hizo usted el 12 de abril de 2009?" tengamos que pensar un cachito.
Porque como vienen las cosas, vamos a poder decir, sin dudarlo: "Una mierda. Igual que el 11 ó el 13..."