viernes 26 de junio de 2009

La venganza será terrible...

Mi hijo está estudiando el traductorado a tres cuadras de mi casa. Y vive a 20 kilómetros.

En consecuencia, se está quedando a dormir dos o tres noches por semana para ahorrarse los viajes. Y en pago del hospedaje y la comida, me acompaña a veces si yo tengo que hacer algo.
El otro día, por ejemplo, lo usé para ir a comprar al super. Los señores de Carrefour han decidido que no tienen más ganas de brindar un servicio a sus clientes, por lo tanto además de cobrarte cinco mangos ($ 5.00) por el envío a domicilio que era gratis antes; han resuelto que sólo te envían si comprás más de un cierto monto. Ese monto, sin ser una locura, te deja afuera si lo que pretendés es una compra diaria. En este caso, tres cervezas, dos gaseosas grandes y un par de pavadas más. Poco costo, mucho peso para hacer cinco cuadras solo, y envío ni hablemos. Solución: ir acompañado. Así que allá partimos.
La compra demandó cinco minutos. La cola de la caja rápida, 35. Porque abren una, haya seis personas o seis mil. Se ve que no les dan los costos...
Delante mío en la cola, una señora. Delante de ella, otra. La más alejada, una señora normal: unos sesenta y pico de años bien llevados, canas acordes, vestimenta apropiada para un Carrefour de barrio a las 10 de la mañana. La que estaba justo, justo adelante nuestro... la corporización de lo que yo podría usar para armar mi modelo de mujer odiada. Debería andar por los setenta y pico. Operada de cuanta superficie operable pueda haber en una cara, siguiendo ese molde tipo Zulema Yoma que usan todas las viejas para operarse. Labios groseramente engrosados, nariz absurdamente respingada como para generarle problemas de supervivencia si llueve fuerte. Pelo teñidísimo para que ni una cana aparezca. Manos que delatan a cien millas la edad real porque las manos no se operan. Absurdo sombrero tipo alpino, maquillaje que haría palidecer de envidia al Guasón. Capa. Minifalda. Y eso no era nada...
Empieza a buscar eco para sus quejas. Referidas a la demora. Pero la señora, en lugar de despotricar contra estos miserables que ponen a una sola cajera para atender a medio mundo, empieza a quejarse de estas negritas que no les gusta trabajar y sólo sirven para fregar pisos. Como la señora de adelante no le da demasiada bola, gira en busca de apoyo para mi lado. La cara de asco debe haber sido tan notoria que se corta en la frase. No obstante algo dice como sondeando el terreno, no me acuerdo exactamente qué pelotudez. Recorro el archivo mental del desprecio, pongo una cara acorde y le respondo que tendríamos que juntarnos todos los vecinos decentes y hacer un cacerolazo en la puerta para que las echen. Por un instante se le ilumina la cara... pero reacciona. Se da cuenta de que lo que hay no es empatía sino burla y odio. Y opta por ponerse a murmurar sola, mientras se acomoda el sombrerito ridículo y saca un celular de ochocientos mil dólares que seguramente ni sabe usar.

Hace algún tiempo entendí que uno debe controlar los impulsos homicidas si corre el riesgo de que un Juez no comparta la idea de que estas cosas bastaban para ahorcarla con su bufandita de seda. Pero al mismo tiempo entendí que hay que utilizar los recursos que uno posee para, mínimamente, restablecer en parte el equilibrio de la naturaleza. Así que le dije a mi hijo "Aguantame un segundo", lo dejé en la cola, partí para el interior del Carrefour y regresé en breves instantes. Me hizo con los ojos el típico gesto de "qué carajo fuiste a hacer?", y le respondí con el no menos típico de "nada, una boludez". Tema cerrado.
Cuando el clon de Zulema y Amira se distrajo mirando a la negrita friegapisos que seguía a cargo de la caja, deslicé calladamente en su carrito lo que acababa de traer. Lo acomodé entre una lata de oliva con estragón, un frasco de champignones, una bandejita de pechugas y una botellita de un buen vino. La vieja chota tenía buen gusto para comprar...
Llegamos a la caja. La cajera, harta de la cola, de su trabajo y de su vida; le pregunta cómo va a pagar. La del sombrero le contesta en tono agresivo: "Con Visa Gold". Lo de gold está de más, y ella lo sabe, pero está marcando diferencias. Y mientras saca las cosas del carrito sin mirarlas, le desgrana una serie de consideraciones sobre la conveniencia de menos charla entre ellas y más velocidad para atender porque algunos tenemos cosas más importantes que hacer. La chica calla, porque está entrenada para callar. El carrito se vació, y la muchacha está fichando la compra. El frasco de champignones. Los percebes. El Terrazas Malbec. El aceite de oliva. La caja de 24 preservativos texturados para su mayor placer que lleva de regalo un gel íntimo.
La chica se detiene, mira, controla una carcajada imprudente y los ficha. La vieja primero no entiende la carcajada, y recién en ese momento presta atención al producto. A través del maquillaje sube un rojo intenso, mezcla de vergüenza e indignación. Pregunta qué es eso, y la chica le responde evitando usar las palabras "forros" y "vieja de mierda". La vieja de mierda reclama airadamente que eso no es suyo, que cómo se le ocurre y que por supuesto no va a llevar eso. La chica llama a la supervisora para que pase la tarjeta y autorice a descontarlos, pero con inmenso placer le explica que "la señora decidió no llevar los preservativos" en un tono de voz apto como para que se enteren todos los que andan por el barrio a esa hora. La vieja se ahoga intentando convencer a todo Palermo de su inocencia. La cajera no entiende bien e imagina que fue un castigo divino. Yo mantengo una cara digna de la final de Texas Hold'em Poker en Las Vegas.

Mi hijo, entretanto, entiende lo sucedido, y ni bien salimos explota en una carcajada y me dice "sos un hijo de putaaaaaa....!!!" Pero me ama.

8 comentarios:

ADN dijo...

jajajjajajajajajjajajajajajajajjajajjajaja!!! buenísimo! Juro que puedo imaginar las excusas de la vieja...tratando de explicar que no eran suyos los forros de la forma más pacata posible.
Yo siempre tengo la idea de que si uno quiere hacer una buena caricatura de las viejas pacatas debe ir al supermercado seguido. No falla nunca, siempre en la cola te hablará alguna que comenzará preguntándote como preparás las lentejas luego de relojear lo que llevás en el carrito para tener una excusa para terminar diciendo lo que ella quiere, a saber: "Seguro que Cristina no viene a comprar lentejas y ni se entera que subieron el doble...claro ella vive bien. Ya se quedaron con las AFJP ahora también se quieren quedar con el supermercado, no sé donde vamos a ir a parar...y encima hay que venir a comprar temprano, porque si no te entran a robar a tu casa y encima andan todos drogados".

Oscar dijo...

Ah, pero entonces vos la conocías a esta vieja de mierda...?????? ;o)

Carlos dijo...

jajaja es cierto! este estereotipo de vieja chota estàn en todos los supermercados. En el interior tambièn existen.

Martín dijo...

Jajaja, muy bueno, esas viejas son enfermantes. Y ya que estamos, el mejor de los éxitos para tu hijo, que eligió una carrera apasionante.

vAnEsA dijo...

Oscar, simple: SOS LO MÁS!!
jajajajajajajaja

Juli dijo...

Juuuaaaaaaaa!!!! Clap Clap Clap (de pie)!!!! Me encantó ese Oscar justiciero!
Detesto esos personajes porque despiertan en mi un grado de violencia que no tengo jamás en otros órdenes de la vida, y eso no me gusta.

Y ese final, qué buen momento de complicidad con tu hijo.

Muuuy bueno. Beso grande.

Celes dijo...

jajajajajajja
genial

no se me hubiese ocurrido nunca hacer eso

viejas de mierda

seguro que votó al pro, que es "gente linda" como ella
=P

Oscar dijo...

Gracias a todos... me siento acompañado en mi acto reivindicatorio!!